lunes, 21 de marzo de 2011

Contorsionismos en el servicio de transporte intermunicipal

Relato de un viaje:
Primero, por supuesto el servicio de transporte público capitalino
con desespero le busco un candado a mis lagrimales
aprieto los dientes para no gritar a ebrios pasajeros que cierren sus bocas
hiede a humano y me fastidia terriblemente.
Siempre imagino que el bus estrella, el mejor lugar para ubicarme en caso de.
Claudia, no es que seas fatalista es sólo que la muerte se te antoja en los buses de la ciudad.
Un hombre sentado al lado habla con voz ronca y molesta, martillada por el trago, vuelta rugido amainado.
Finalemente tomas el destino a carretera, como ganado las embuten entre patas y manos agarrándose a un barandal. Risas, tos, quejidos, conversación. Fuera de todo y contra cualquier pronóstico el sacrificio de ir de pie valdrá la pena. Así que las compañeras de viaje no rebuznan ni piden butaco. La música da espacio entre el collage de extremidades que juegan al equilibrio dentro del vehículo. El conductor prueba su carga ¿qué tan viva está? realmente... nos quiere matar a todos.
Observo la señorita de formas finas y me digo que nunca podré  lucir bella con tanta naturalidad, con ese desenfado y sutileza del que no lo quiere. Bebe su agua de cañería, se aplica crema para oler bien, abre y cierra su bolso de marca. Se la ve nerviosa.
Mi Susy lee mi pensamiento, mientras hace contorsiones para estirar las piernas encalambradas. Asentimos y allí va, manda su pedido a un completo extraño. Siempre es raro escucharla hablar de usted, pero el joven Camilo, alias 'El mono' considera que es justo y necesario hacernos un regalo para no defraudar nuestra buena suerte.
Al descender: un arco que casi termina estrellándose en la piedra.
Todo es grande, las cargas se alivianan con sólo respirar el aire caliente.
La luna está inmensa, como para robar gallinas dicen... pero que encarte Susy ¿qué haríamos a media noche con un bípedo emplumado? tendría miedo por él.
Luego, ay que bonito es volar... when the music is over... pero no se quiere over. Tomamos otro transporte, esta vez, intergaláctico.
Mirá, y he pensado en la terrible saciedad que nos agobia, estamos apuntándole a la metafísica de la comida. Experimento peligroso.
Y se siente bien, planear en el tiempo sin la sensación de estarlo perdiendo. Qué productiva es la quietud, el calor lo mantiene todo en movimiento. Qué viva me siento junto a tanto cadáver de arañas y sus presas.Graciosamente el mugre es más puro, los bichos comunes que no piden con tanto ahínco ser exterminados como en la ciudad. Aquí (Bacatá) , la vida que se rebela, es peligrosa, la araña en la biblioteca es ya una amenaza de germen.
El zancudo, la libélula, la luciérnaga (luciérnaga) son comensales de nuestra mesa,
los restos de un chimbilá, hormigas silueteando las ollas de la cena
no hay un orden establecido, una margen entre la vida y la Vida
Pueden, los demás seres vivos transitar por la misma acera y no es motivo de pánico.
En la urbe, horror: un brote de maleza indebido, palomas leprosas, mariposas de mal aguero... la Vida no es auténtica sin el orden humano.
Allá, mi Susy estamos más cerca de lo Real y es definitivamente un descanso. Tanta armadura, enredo, máscara se quedan por los kilómetros que recorrimos.
Somos carne blandita, lista par usar cualquier nombre, listar para transformarse. Volvemos a lo protéico del ser.
Y no siempre se puede hacer una seña y empezar a inventar nuestras vidas de nuevo, el destino y nuestros apellidos. ¡La próxima vez!
¡En vez de leer la palma de la mano que nos lean las plantas de los pies!

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