Hay hombres que son incapaces de ternura
¿de tenerla? un verbo aquí me parece superfluo, ser simplemente incapaz de ser pareja de una palabra es suficiente para describir el vacío, la gran ruptura.
Tendresse, se olvida y ya no se tiene como invocarla después.
Luego la pura carne no tiene escritura, es sólo masa revolcándose por obra y gracia del calor y el aceite.
Me aterra el mundo sin la palabra, la pura acción. Y me refiero a esa acción que no tiene un susurro casi inaudible, un código secreto de pestañeo.
Una acción sin silencio, la que resulta ruido inaudible en la mera repetición. La que ya no significa más y por el contrario destruye cualquier significado precedente.
Estoy tratando de comunicarme.
Maniatada, desde este continente con un agujero como ombligo. Mi centro de gravedad es el desagüe que todo lo consume, todo se lo va llevando en un remolino.
Busco la acción apalabrada, huyo de la crudeza de lo mecánico y la procastinación.
Quisiera marcar algún número y apalabrar este silencio pero todo medio de comunicación se me hace tan frío.
Esta imposibilidad pesa como un dedo divino sobre los labios.
De repente veo la luz del día sobre una pantalla.
¿Hace cuánto no veo el amanecer? Pierdo la vida en pesadillas, sin cerrar los ojos -¿entiendes?-
Soy esta cantidad de frases agolpándose, todas codeándose por ganar primero la puerta de salida.
Soy retazos de frases desmoronadas, podridas, trocadas en polvo por tanta espera.
Soy incapaz de articular, tengo un reflujo metafísico.
FRONTERAS, 2016 - U. Javeriana
Hace 10 años

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