lunes, 27 de abril de 2009

170-Mandalay

Curioso, veo por la ventanilla en vehículo de al lado; atestado, no le cabe ni un alma. Sus pasajeros van con cara de tragedia, de velorio, de pena, de molestia, de cólera, de tristeza, de cansancio...
¿Qué cara tendré yo?
Bajé los ojos para no correr el riesgo, no era mi rostro el que quería ver.
Luego, esa sensación, de marchar hacia el final. De estar en un vagón rumbo al fuego o la cámara de gas.
De estar comprimida, forcluida, olvidada; ¿qué es un nombre entre la multitud? si nisiquiera cuenta ya como número. Ya se es fantasma.
El vagón traquetea, yo me muerdo las uñas, quiero que acabe pronto; tanto sudor y condesación de olores me dan ganas de tener un síntoma histérico en la nariz.
El viaje es eterno, sigo observando pasajeros de otros vagones que cruzan en frente. Vamos tal vez hacia el mismo destino, ya que compartimos la misma cara. Claro...
Del otro lado del vidrio, ellos pensarán lo mismo al verme; al vernos, todos comprimidos, estrujados, vueltos masa amasada.
Vamos al mismo sitio.
El fuego, el gas.
Curioso, la misma situación.

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