jueves, 14 de mayo de 2009

Palympsesto

Me agarro a tu garganta mientras escupes tal discurso, te tomo con fuerza y mis manos-sensores codifican todo en alfileres y puntillas. Si pudiera ver tus ojos sé que tendrían esa apariencia ajena, si escuchara tu voz sé que tendría esa expresión queda.
Te aprieto la tráquea para mandarte una carta, una violenta desde las tripas y los ventrículos; te entierro las uñas que dejan huellas en esquema morse. Clave que no conoces.
A duras penas, sientes un cosquilleo.
Me cuelgo a tu garganta mientras me hablas de amor y siento en mi Fortuna abizpas, punzones picoteando la línea de la vida y las otras que allí se enmarañan; diciéndolo fácil, cardenales en la palma de las manos.
Me deshago en descarapelos y aguas, me toco y siento mi faz de papiro ajada.
En un ejercicio violentísimo me despellejas y me pones al sol, ves crecer piel nueva y continuas tu oficio de escritor.
Acupunturista, disfrutas la ablación mortífera.

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