lunes, 29 de noviembre de 2010

Domingo
y tontamente dejé resucitar al cristo de mi amor
entre la lluvia y el griterío del mercado
ante el temor de la muerte de papá
las frutas, los vendedores, las calles atiborradas,
desabrida navidad, luces en rojo violadas
bolsillos vacíos, hombres sin camiseta
mujeres desbordándose de sus ropas
niños como simios de mirada inocente y terrorífica
figurillas de un pesebre eternamente repetitivas
sólo tengo este instante,
incómodo como zapatos nuevos al caminar
un instante y el día aun así parece eterno
en cualquier momento podría llorar
unirme a la voz de la ciudad
la urbe que siempre grita y aúlla
¿cuándo acaso se la escucha cantar?
yo, en una de mis vidas confundí el ruido de los autos con el del mar
es domingo, si, llueve, no es buen día para resucitar.
Que mis manos están frías, mis pies torpes
y las voces me instigan a destrozar
doy coces de burro
me sacudo como un can
me persigue el ululeo de un fantasma
ni siquiera es animal que pueda sacrificar,
bestiola que poner en piedra sagrada
si pongo su sangre hirviendo en algún sitio tal vez pueda olvidar.
Sacrifico mientras escribo, la hoja en blanco es mi altar

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