Pero si esto era lo que yo iba a hacer
¿ves? casi que se me olvida, mi insignificante tarea de venir a jugarme el pellejo en el lenguaje.
Estoy arrojandome al peligro, yo, que ya nado su líquido amniótico.
Digamolo simple, como que acabo de olvidar.
Olvido.
Entonces entiendo del miedo no ante la oscuridad, sino ante la leche que tiñe mis cuadernos, mis hojas, esta pantalla de algún material extraño.
Tengo que contarte las cosas rápido
porque estoy cansada
porque tengo miedo
porque si me pongo a meditarlo seguro lo mutilo y lo olvido
entonces digo:
- Hace unos dias un extraño me contó un secreto, casi como con una caricia me contó un secreto que no es cierto. En una complicidad desprevenida me hizo una invitación al deseo.
- He vuelto a ser una niña, estoy viviendo parte de mi vida que había perdido bajo la cama junto con juguetes olvidados y maletas empolvadas de tanto no-viajar. No digo que los niños, no. tu deberias saber que los niños tienen un pequeño carboncillo entre los muslos, casi que en todo el cuerpo, tienen en el organismo una yesca jugando a las escondidas. Y tu y yo lo supimos rápido y nos volvimos puro fuego. Y la niñez se quedó ardiendo entre dulces. Vuelvo. Entonces te digo que he vuelto a ser niña como si nunca hubiese visitado ese pabellón de quemados.
- Aquí va uno que me averguenza: no sé escribir la palabra desición. Y ya sabes, es meramente sintomático. A mi no me gusta decidir. Hay demasiado riesgo entre una ese y una ce.
- Estoy siendo algo fisgona y traviesa, meramente curiosa en mi rememorar. Pero no quiero nada de vuelta.
- Confio en mi sabio inconsciente que resucita a última hora, que tiene la palabra precisa para hacernos quedar mal y tropezar en la infinita certeza de un rubor que sube sin desliz y la risa que no sé como empaquetar en mis labios.

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