domingo, 13 de diciembre de 2009

Del desbocamiento del beso

Cómo explicarte que estoy entre un hola y un adiós, entre mil palabras que necesito decirte, enviar como saetas a tus oídos, con la esperanza que... no, es que las envío sin esperanza, mi única misión es enviarlas para que incendien el cielo.
Y tú, no es que no espero nada, ni que las leas, ni que las adivines, ni que te conjuren.
Yo sólo necesitaba un tú, un ¿sabes? un ¿entiendes? un ¿estas ahí? una figura que me revolcara las tripas, que me acelerara las arácnidas manitas, que las pusiera chuc-chuc-chuc constantes como un tren.
He necesitado del silencio, del hibernar entre las cobijas, de esta ausencia de mí misma.
De estar a la deriva, ¡ay! es que es tan a la deriva, pero no, no te asustes, tampoco es que vaya por ahí buscando la muerte, es solo que me siento plana y sin sonido, por fin he llegado a esa casi nada que estaba buscando. A mi lujosa soledad, a ese preciado lujo que no sé cómo utilizar. Estoy sola, me aburro, me aburro hasta el infinito y olvido como hablar con los seres humanos.
Hablo contigo que no pides nada a cambio, ni comas, ni puntos ni esas pendejadas. No, ni que te hable como una señorita cortés y corriente; ¿común y corriente?
Siento el feroz impulso de una recién enamorada, es casi como decir una recién nacida. Puedo volver a esta intimidad, a este olvidar, este enceguecer y sólo dejarme ir en mis benditas palabras.
Experimento el éxtasis y esta gana arrolladora que me pide una boca para besar, si así de desesperadas son estas palabras que me piden los labios con presteza. Yo me entrego, me entrego una y mil veces a este beso conmigo, me pierdo en mi; mi saliva me alimenta una y mil veces, mi lengua se retuerce en mi boca, mis lenguas. Me beso a mi misma con tanto ahínco, con tanta pasión y el beso me sigue pidiendo que lo consuma. Sigo con mi beber, con mi embriaguez del beso, es que no puedo parar una vez que lo he conseguido, una vez que puedo correr descalza por mis palabras.
Poco veo y poco me importa, tengo la extraña sensación de haber recobrado algo, de ser un misterio pulsado a la vida, de ser de nuevo solitaria, sola y saltante, salto por aquí y por allá: nómada en esta ciudad, nómada en los corazones, entre la gente que tanto pide rentas, arrendatarios, ah! es que tanta cosa piden, la seguridad de cuatro paredes, la seguridad de las llamadas, la seguridad de la exclusividad.
Nómada, soy de seguridades espontáneas.
Sigo con mi ritmo de pulga, aquí y allá, he recordado como saltar, como alimentarme de la carne flaca de un perro callejero.
Estoy convulsionando, estoy en proceso de pura intermitencia, tratando de captar este instante en la penumbra. De loca felicidad y mariposa extraña. No lo sé, me siento como vertida a la vida.
¿Hace cuánto estaba muerta? ¿hace cuánto era sólo un resquicio de mi voz?, ¿hace cuánto me había condenado a rebotar contra alguna pared?
Y qué importa si me siento que vuelvo con mis saltos chupa sangre, chupa vida, chupa saliva, mis saltos de besos escondidos y robados.
Ah! es que definitivamente, no tengo la simpleza, la facilidad de hablar, sonreír, sonreír, cruzar las piernas, y eternamente sonreír para mantenerlo todo en orden.
Está bajando el ritmo, bajando lento, ya no me atosigo de palabras. Ahora mi beso es más tierno, es más demorado, esta por acabarse, o tal vez sólo esta tomándose un respiro. Tal vez es que estoy entreabriendo los ojos, ¿para ver a quién?
Si, ya dije que a mi misma, y si no, ¿si descubro con horror que para este placer del salto siempre necesitaré de alguien más? pero, es que yo no puedo lidiar con otra cosa que no sea yo, es que me fatigo con facilidad, arranco intempestiva y luego me duermo sin aviso del despertar.
Ya no preguntaré qué quieren de mi, ahora les digo que no quieran nada de mi, que yo seré la loca desbocada que se besa a si misma a través de alguien más; que extraña, que se sume en melancolías de extrañarse a si misma en su cama.
Extraño mi fantasma sin nombre, sin cara, sin sexo. La eterna compañía, que, no sé, podrán decirme ya que estoy loca, pero vivo buscando una tierra prometida.
Ahora, ya casi acaba la música, ya casi no escucho el dictado, me estoy quedando sin saliva, ahora, que me he calmado, vuelvo a dormirme.
¿Sabes? extrañaba el beso, extrañaba un tú sin forma, extrañaba ser un espía, y tantas cosas que no sé. Simplemente extrañaba esta lujosa soledad, el lujo del aburrimiento, de no tener que explicar nada, de guardarme las palabras y venir a besártelas todas acá.
Te robo un beso, aunque no me leas. Me lo robo a mi misma, se lo robo a quien imagino mientras imagino el beso-escritura y lo ignora por completo, ¿por qué no? yo creo en aquello de robar besos en silencio.

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