Menos mal que ladras, y un aullido me jalonea el cerebro mil años atrás.
menos mal que aun te reproduces como un fantasma, un alarido inasible.
Allí en medio del agua y el acetite, -si, estoy reescribiendo-Ya confesé, ahora puedo seguir como me venga en gana.
Y es así, ¿qué te cuento? una voz impresa se ha apoderado de mi, y le ha hecho cosquillas a mi silencio con sus palabras ladrilludas y mudas. ¡Ah! estoy tan agujereada, mi trama de hilo callado tiene el vestigio de flechas como gritos.
Estiro mi voz, la despellejo, y la fusilo. La torturo contra los muros para que me devuelva eso tan mío, ese solitario ser que sólo puedo escuchar a través de otro.
Me parapeto tras las palabras, coagulo los sueños y mis locos impulsos de nunca más quitarte los labios de la cara.
Es así, ¿qué te cuento? no volveré a verte,
pero vamos, dejá ya de pensar que sabes quien eres, de tener la maldita certeza que eres a quien me dirijo, mis abluciones son puro grito sin sentido alguno.
Mi perro verde, préstame tus fauces un rato para destrozar tanta basura que me ha quedado en las manos, tanto asco que se me ha pegado en las canecas de algún barrio de amoríos sórdidos.
ah ! que asco que hastío.
Menos mal que ladras, y yo ladro contigo, soy la entraña de tu ladrido, la víscera que resuena, la pared de tu piel interna, también soy perro podrido.
Necesitaba alguien para ser remitente, aquí va pues mi carta.
Vuelvo a mi animalidad, al chorro de palabras sin estilo, ¿y a ti qué te importa?
te digo esto, no voy a inmolarme, no, no que no podría ser suficiente para tu boca gigante.
Huyo entre golpes tropeleros, entre sopapos y coces.
Que no, no soy la ficha de rompecabezas que se metamorfosea cada que te da la gana.
Y he sentido tu repugnante cuchillo sudándome sangre por la piel, esa sebosa larva escupiéndome, gritándome también, que quería, que si podía clavarse fuera de cualquier agujero.
Bien, te hablo entre la palabra y el silencio, entre lo que quiero y no quiero decir. Trato de no atosigarme con pausas innecesarias. Quiero llegar a la pura voz de la escritura, a su esencia real.
Ah si, pero eres un perro, tu que vas a entender de todo esto? si no entiendes más que tus propios ladridos, lo demás es foráneo y casero.
Muérdete la lengua y escúchame un rato.
¿Que qué quiero? no me vengas con pellizcos
Ni con gestos marrulleros, púdrete con tu piel sarnosa y tus dientes amarillos. Vete con el rabo entre las patas, a nadar en el vaho de la mañana insaciable que siempre está listica y perfumada para que te la fumes. Maldita mentirosa.
Hasta el mugre se cansará de pegarse en tus lanas enmarañadas. Hasta tus lagañas esperarán ansiosas despegarse de tus cuencas cuando cierres los ojos para siempre.
Y el vago que tanto persigues, se verá por fin libre de una boca más y una compañía que no le sirve valientemente en nada.
¿Púdrete, que más puedo decirte?
vete, con la piel morada, y los dientes flojos, con el aliento que me enferma cada vez que hechas un aullido.
A palazos te recibo, a palazos te acercas. muérdete la cola, trágate a ti mismo, que yo no soy más tu despensa, perro malcogido.
y ahora sólo puedo reír, era un perro verde y yo lo he puesto al sol para que se pudra y se descolorice, lo sumergí en varsol y ya es sólo una silueta de perro, quien quiera venir a recogerlo bien pueda. Que todo es posible, pudrir un perro, descolorizarlo, abofetearlo. Así yo descanso, fuera colores. Adiós perro verde.
Pero no no, no te ofendas, que solo me he inventado algo para poder ser un remitente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario