Tenías un regalo hecho por dios, un amuleto. Yo no sabía de esa caligrafía oriental, de ese revuelto jeroglífico.
Estaba el señor oscuro, tenía las peores intensiones. Yo traté de alertarlos a todos; de evacuar. Me trataron como una loca. Él se dio cuenta y con su magia negra me oprimió el pecho para que no respirara. Casi muero de asfixia; pero sólo quería asustarme.
Ellos...ellos idiotas creyeron que con la fuerza de la carne podrían derrotarlo, yo intenté detenerlos. Decirles que su fuerza no se hallaba en los músculos sino en la mente. No escucharon, y no supe más de ellos.
Y tú, traté de cuidarte lo más que pude. Decifré el jeroglífico. El dios Ra estaba enojado y había mandado la sequía azotar. Pero no, no era la sequía lo que nos agobiaba sino la lluvia.
Pero el amuleto te sirvió una vez contra su magia negra.
Luego lo perdiste, eras de nuevo vulnerable. Y yo no sabía que hacer. Lloré desesperada. Busqué debajo de los sofás y nada...nada. Estabas a la deriva. Ibas a sufrir toda su maldad.
Caminé buscando ese otro amuleto otorgado; ese que ya no recuerdo. Pero nada...
Lloré hasta que más no pude, grité tu nombre y eso fue todo.
Estaba el señor oscuro, tenía las peores intensiones. Yo traté de alertarlos a todos; de evacuar. Me trataron como una loca. Él se dio cuenta y con su magia negra me oprimió el pecho para que no respirara. Casi muero de asfixia; pero sólo quería asustarme.
Ellos...ellos idiotas creyeron que con la fuerza de la carne podrían derrotarlo, yo intenté detenerlos. Decirles que su fuerza no se hallaba en los músculos sino en la mente. No escucharon, y no supe más de ellos.
Y tú, traté de cuidarte lo más que pude. Decifré el jeroglífico. El dios Ra estaba enojado y había mandado la sequía azotar. Pero no, no era la sequía lo que nos agobiaba sino la lluvia.
Pero el amuleto te sirvió una vez contra su magia negra.
Luego lo perdiste, eras de nuevo vulnerable. Y yo no sabía que hacer. Lloré desesperada. Busqué debajo de los sofás y nada...nada. Estabas a la deriva. Ibas a sufrir toda su maldad.
Caminé buscando ese otro amuleto otorgado; ese que ya no recuerdo. Pero nada...
Lloré hasta que más no pude, grité tu nombre y eso fue todo.

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