Hoy fue aquí y no allá. No será cuerpo sobre cuerpo.
Guardo pequeños interrogantes y mi sueño pesado, esos sueños que aun no comento.
Tendré que cifrar todo con más ahinco, retarme. Hablar un lenguaje aun más bárbaro.
¿Podría esconderlo? esa no soy yo, no lo hago a consciencia, prodigo la sonrisa con esmero.
Algo, algo se me ha perdido como ese talismán, lo busco con desespero pero no lo encuentro. Me robaron.
Trato de recordar, pero la memoria me da la espalda. Me escupe en la cara y me dice que no la moleste con mis ruegos. Que mi cara de cordero no la conmueve. Que mis ojos vidriosos no la persuaden.
Camino y no soy yo, soy él. El correcaminos. Le tiendo trampas como estúpido coyote, y siempre me saca la lengua y me manda a un precipicio. Plap!
Cómo amigarme con la antonimia si es que no me queda bien la falacia, ahora todo es cierto. Lo sé. Lo sabemos. Hablamos de nosotras sin darnos cuenta, somos vocerío. Para qué negarlo todo.
Recordamos viejas calles, esas de las manos frias y los monólogos. Nos parecen raras e intransitables. Olvidamos el caminar de sombra vagabunda.
Alguien nos toma de un estante, ve la portada y se anima. Luego abre y ve toda esa lluvia de caligrafía; se entretiene un rato, lee de pie. Leer no le cansa. Se sonríe, levanta las cejas, se muerde los labios. Esa caricia al pasar la página nos da un cosquilleo terrible. Luego porque el tiempo le apremia nos vuelve a dejar en el estante, en el anonimato.
Nos conjuré con tanta palabra, con tanto hechizo.
Bruja. Caldero y rituales. Pócimas que no olvido...
My smile is a rifle (8)

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