On ne voit bien qu'avec le coeur. L'esentiel est invisible pour les yeux.
C'est le temps que tu as perdu pour ta rose qui fait ta rose si importante.
Tu deviens responsable pours tojours de ce que tu as aprivoissé. Tu es responsable de ta rose...
Me dirigí al asteroide B612, fuera del bus. Fuera de este mundo. No sabía de quién estaba a mi lado, ni del paisaje cambiante de la ventana. De verdad me sumergí. Con nostalgia, con afán.
Esas últimas páginas me esperaban, las palabras estaban añejándose para cuando fuera necesario escucharlas de nuevo.
Entonces en cada uno te vi, porque no estabas. Era como ver estrellas-peatones floreciendo.
Saber de la belleza del desierto por su secreto, por lo invisible. Entonces tuve sed, y salí a buscar azarosamente esa fuente de agua. De la que es buena para el corazón.
Pensé en el secreto, y vi tantas cortezas. Que me asombré de qué tan ciega estaba. Redescubrí entonces el mundo, sonreí al ver las flores del jardín. Y quise enseñártelas, decirte que cada una podría algún día amaestrar a alguien. Que alguien podría morir por ellas.
Entonces me sentí privilegiada, de poder verlas. Porque los hombres al sembrar como costumbre flores en sus jardines se olvidan de ellas. Su belleza es entonces ordinaria y cuantitativa. Pierden su nombre y su aroma.
Me he reconciliado con las rosas, y observo esas que crecen cerca a mi casa. Cada vez que nace una nueva me amaestra, hasta que viene otra en su remplazo. Por aquello de ser efímeras.
Y entonces he ganado, desde ya. Por el color del trigo.
Porque podré sonreír al ver las estrellas.
Luego pienso en la desaparición de sus cuerpos, y de los enigmas de la serpiente. De su resolución. De mi responsabilidad y la tuya. La de todos.
De los secretos que nunca deberíamos olvidar.

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