miércoles, 18 de febrero de 2009

Shoppenchuchito

Yo no pedi me trajeran a esta guerra; diferencia. Del otro, del débil. Del nómada y el sedentario.
¿Formar filas? pero es que yo no pedí esta piel camuflada y un fusil entre las piernas.
Yo no pedi un blaco fácil en el pecho y el esqueleto; ni seguir como un desquisiado mi nariz obsesionada. Dejandome llevar por las formas y la carne. Resulta que ni soy mi dueño.
Yo no quería en serio, venir y tener que decidirme hacia qué abismo saltar; las olas o las rocas. Que desgaste. Después sólo soy arena del desierto. Ay! tan muerta de sed, me alimento acaso de algún errante insolado. Y vuelo con ira en las tormentas, queriendo de nuevo ser la nada.
Tu tan natural Cupido, farsante. Te quitas la máscara y no tienes rosto. Ni bucles ni mejillas rosaditas. Majadero impostor.
¿Dónde encuentro el sendero de vuelta al útero, para ser de nuevo un ser asexuado? ¿Camino despasito, o con la intrepidez de un gigante? ¿Me mutilo uno a uno los miembros hasta quedarme sólo con mi ombligo? ¿Buscaré desesperado la conexión con esa raiz olvidada?
Yo que sé, no pedi nada de esto. De esta absurda rivalidad. Del igual.
Se nos pone en un vehículo como garantía del futuro. Y yo, que quería llamarme céfiro. Vivo con este traje pesado, que se me cae en moronas todos los dias. Aparatoso y traicionero.
Estoy ciego, mis ojos son de vidrio. Una ilusión. Yo creía ver, y resulta que estoy subordinado a la distorsión del instinto.
Tan encadenado, por fuerzas invisibles. Soy marioneta de la naturaleza, y me crece la nariz cada vez que intento negarlo. Intentando estúpidamente una revolución. Tomo las tijeras con disimulo e intento cortar los hilos. Caigo al piso desmadejado. Y me voy de ese cuerpo de madera; alimento de gorgojos y el tiempo.
Céfiro, ay! me respiran y es asi como soy amado. Sin saber de que bando soy. Que no quiero saber de esos temas. Soy ser viviente.
El mar, La mar.

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