jueves, 18 de febrero de 2010

23

Cada latido pesa veintitrés gramos, uno a la vez, uno cada segundo. Se gana y se pierde, pum-pum.
Gano veintitrés, sube la sangre, pierdo veintitrés baja la sangre; mi sangre que va en espiral por todos mis humanos recobecos, mi sangre que va como el tiempo en serpenteares que se muerde la cola una y otra vez.
Subo y bajo de peso, casi en equilibrio, casi sin darme cuenta. Olvido al eterno carpintero en mi pecho, el corazón de mi carpintero que horada en el tronco día a día. Cae el árbol, el corazón de mi corazón se detiene y cierra el pico, pierdo un ave de veintitrés gramos que cae en un último tac.
Y yo no quiero plañideras, yo no quiero alboroto donde no se asome un colibrí ¿Me pintas uno en los ojos? los mios ya no vuelan por ahi.
Quiero dormir para siempre con el cuerpo desnudo, cubierto apenas por la caricia de un pincel, por la huella de las curvas que te tiemblen en la mano cuando vocalicen la palabra muerte. Pintame de verde y con botones de luz, palabras diluidas ay.. es que ya tan trastabilladas por el dolor que no necesitan significar nada. Pasa un tiempo conmigo asi ya me haya ido, asi mi nombre no tenga su eterno imperio sobre las carnes.
Ya sólo seré silencio, pero tú, inteligente me darás la vuelta, me tomarás por los pies y sacudiéndome harás que se me caigan las palabras que tenia en los bolsillos de piel, en las tripas, en los cabellos, en el mugre y las astillas de las uñas.
Sabes que a ratos abandono, a ratos me dejo caer en mis brazos y mis piernas, en el abrazo conmigo, todo mi cuerpo se abraza; eso hacen párpados a los ojos. ¡Vaya consentidos!
No quiero ser cruel, no quiero dejar el ceño fruncido como saboreando una breva. Y sin embargo...ya mi último gesto será como le venga la gana.
Trenzame los cabellos y pintame un bigote dalí, pon la vieja máquina y un esferito. Que me voy, me voy...



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