Ella tiene el brazo tan largo, tan fuerte y sutil. Sus manos son como el nudo que abraza por última vez a un condenado a la horca. Mis pies bailan en el aire, en un bals, un vaiven. Patino en el aire desesperada por dejar mi gracia de estatua. Estoy demasiado estática y belicosa.
Ella aprieta más fuerte su mano, cierra el nudo y mis pies siguen bailando buscando con desespero un aterrizaje forzoso, nada de landings bellos en el agua.
Mi piel se disfraza como lo hace un animalejo de mar octópodo, manchas rojas salpican mis poros advirtiendo el peligro, como un zarpullido vergonzoso, señal que ella está cumpliendo su cometido.
Ella aprieta fuerte, yo aprovecho el medio salado en el que me delizo y escapo en una nube de tinta.
Escribo nubes de tinta para huir de Ira y su brazo larguísimo.
Prometeo, me diste el fuego en mal momento. Prometeo, prometiste, sólo prendería leños, calor... calor.
Tengo en las manos una fuente caótica, escatológica que no sé cómo controlar. Las llamas apenas pueden contenerse en un abrazo, apenas pueden besarse unos segundos antes de hastiarse de su propio calor y querer salir disparadas a consumirlo todo.
Prometiste, Prometeo que el fuego no sería dañino. Escribo con las manos embardunadas de candela.
No puedo chuparme los dedos ni tragármelos, temo destruirlo todo.
Ella que continúa ahorcando con firmeza me quiebra las rodillas y me obliga a retorcerme en llantos, me obliga a proferir el grito del que tanto estaba huyendo.
Escribo con las manos como bocas abiertísimas, con lenguas serpenteantes en pura voz, pura cosa.
Ella me ha obligado a ser incomprensible, a ser inaccesible, no puedo traducirme a mi misma. Reboto contra las palabras, repito lo que ellas desean pero no mi quejio de candela.
Ella va retirando lentamente su mano etérea, yo respiro dolorosamente, como cuando se tragan copas aguardienteras de sal.
Tengo el cuerpo espinado listo para halar del gatillo, la próxima vez, ella no se tendrá que esforzar. Trato de esconderme, de guardarme las espinas en las palmas de las manos, enterrármelas como un cristo para salvar a todos. No soy tal, no soy estampita para besar.
Tengan listas pinzas, que me estan germinando espinas por todo el cuerpo.


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