jueves, 23 de octubre de 2008

Amarte

"Siempre tan natural como la primera vez"
¿Cómo la primera?
Pero es que no ha pasado nada y ayer bajaste del monte, me dejaste apoyada en un árbol contando las palabras que nos dijimos. ¿Estás escondido? o abandonaste el juego sin aviso.
Saldré a buscarte sin sentido imaginándote detrás de cada arbusto, en el estómago de algún animal feroz, volando con los cardenales, cobijandote en la tierra como un topo.
Sigo contando, recontándome nuestras palabras y no se si fué malicia tuya o mía esta de crecer y disminuir la emoción con la marea.
Tu pensabas en un castillo de naipes, yo, feliz, ya estaba ensuciandome las manos con cemento y polvo de ladrillo.
Y voy en la palabra treintaitres, esa deliciosa, agridulce que abracé hace un momento, sigo contando, cinco, quince, diesiciete, la muy suculenta veintinueve, treinta, treintaisiete, treintaiocho una y otra vez las cuento, aparto la siete, y expulso explícitamente la treintaidos ¡No me gusta ni poquito!
A todas ellas las encierro en el número veinticinco, ese que soy yo.
Termino.
Voy y te busco, pero me he comido todas las palabras, las dejé arriba en el árbol y no estas ahi, ni en las copas, en los troncos o en las raices , tampoco en las gotas del río o sus dientes que castañean.
¿Bajaste? ¿estas en la falda de la montaña? con paso de cabra loca, ¿corriendo hacia la planicie para volver mañana a juguetear en despeñaderos?.
Creo que volveré allí, a seguir contando, tal vez es que no he contado todas nuestras palabras, agregaré las que no hemos dicho, así, tal vez cuando salga a buscarte de nuevo pueda decir:
"¡Arazá, Agraz, Aguacate por treintaitres!

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