miércoles, 29 de octubre de 2008

!Que mala dieta!

Ella esa vampira abstemia a la fuerza que se mantenía a punta de cereal, que cuando siente el calor escarlata enloquece, ya no la controla su dueña, le da un golpe y sale a correr, aniquila y masacra.
Bebe con sed de un sueño anizado.
Luego solo por que su cuerpo y la despensa se lo impiden cesa, duerme, tranquila y satisfecha como ese lobo lleno de piedras.
Luego su dueña la llama, toma sus cadenas en la mano y la busca, la encuentra al lado de la fuente, la neutraliza y la vuelve a encerrar.
Ese lobo, pobre lupino encerrado en el patio de atrás, miserable canino encerrado todos los dias, anhelando, esperando desesperado. Ve que una puerta se fisura y le llega el aire, ¡bendita luz!
Entonces ella se te acerca poquito a poco, habla con voz dulce, trae un pan y te lo deja cerca, lo suficiente como para que si quieres estires la pata y lo cojas.
Claro, lo haces muerto de hambre pero siempre insatisfecho; asi se convierte en un ritual, de repente con las puerta más abierta, la luz más fuerte, el pan más cerca y su voz más dulce; ya no le gruñes, no le muestras los dientes, depusiste la cólera pero no abandonaste tus armas.
Y ella llega, te acaricia el lomo, tu, tu no le haces nada, respiras-esperas, atacar-ceder. Te desata, tu cedes por su sensatez.
Te abre la puerta y ya no sabes como usar tus patas, es que sin la rabia vas lento, mirándolo, oliéndolo todo.
Ella te deja pasar por la casa, se para juanto a la puerta y tu vuelves a entrar, la cadena va a la basura y tu duermes en paz.
Y la escena se repite, se vuelve un ritual.
Luego, ella te deja libre, paseas de aquí para allá, te subes al sofá, le lames las manos.
De vez en cuando vas al jardin, cazas palomas y cuando es necesario vas más allá, al bosque del fondo para traer corzos y liebres.
Ella te recompensa y te acaricia el lomo.
¡Por fin, ya las dos no mueren de hambre!
¡Que mala dieta era esa!

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