Les dan la bienvenida a la cárcel, la muerte les da de beber leche de vacas locas, y la lengua entra en una maratón, ve y la cosa se pone peligrosa, hacen tanta grandeza en armas que maravilla era de lo ver y los que asi lo hacian espantados eran de ello, y cuántas lanzas no se quebrarian en esa justa, cuántos escudos malogrados no quedaron, y quienes caerian del su caballo.
Al final quedaron arrincados por su trebejar, que desbarajuste y dolor de costillas.
Y le quiere matar. Luego le tiene en gran saña por aquella cuita.
El mar no simpre esta tan picado no, aveces hasta parece dulce y le da al naúfrago esa ilusion de calmar su sed. Si se desilusiona no es su culpa, ya quisiera la mar poder saciar su mal, refrescarle sin quemarle la garganta.
¿Y que hacer con la sed marina? esperar a que se evapore con los años, con los milenios y ser un desierto...bah todavía más sed.
Y el artrópodo sigue su camino. Con el estómago vacío.Buscando un caparazón que le han dejado sin uno.
Habrá más allá alguna despensita, constante...constante, así solo sea de azucar pero constante.
No más bailes con grapadoras, no más bals con tijeras, no más.
Podrá decir, buena suerte y hasta luego.

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