En la noche todavía danzaba un poco de lluvia, el cielo vestía sus mejores galas oscuras y el frío me daba uno de sus apasionados besos, desperté, este caimán veloz me atrapó con sus fauces, pero no enterró sus dientes, era mueco y las paredes de su boca parecían un par de cauchos empecinados en no dejarme ir, -debe ser alguna herida de guerra, un defecto en su especie o simplemente una mala relación con las caries-pensé-
Las almas en su estomago se compadecieron de mi “¡¡soltadle!!”-gritaban “¡¡soltadle!! Furioso, el animal continuó avanzando unos pasos, la bestia hizo menear su cuerpo escabroso hasta que por fin escuchó las suplicas, desaprisionó mi cuerpo, rodé por la tierra y debo decir que resultó mas doloroso el aterrizaje que la estadía en sus fauces, di tres vueltas, me puse de pie sacudiendo el polvo de mi ropa, lo vi alejarse…
“¡¡¡MALDITO IDIOTA!!!”-grité levantando el brazo-
-Quisiera no tener que viajar en bus- pensé, continué caminando dolorosamente hacia mi casa entre este pantano de cemento y árboles sin hojas.

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