Si, fue un mandamiento, pero yo ya lo había concebido, ya lo tenia galopando en las venas, temblando en las manos, esas que te gustan tanto, largas y delgadas que le hacen fieros a las tuyas, por que son unos piecitos más altas, más estiradas, ah es que las tuyas son perezosas y cómo que se recuestan, se agachan un poquito en mis palmas.
Y como siempre, viejos ritos. Como si nada. Caminando por viejos pastizales, recordando historias de terror y machete, perros y sombras.
Apenas reímos y nos dedicamos una mirada fugaz. Una simple ojeadita que lo revela todo.
Esos paseos turísticos del barrio desvelándose, el parque sin luz, la iglesia cerrada.
El robo de la chaqueta verde.
El bosque, la lluvia, el beso.
El vino, casi siempre el vino.
Las luces escandalosas en las ventanas, amarillas, rojas, verdes, ese olor a buñuelo (lo sé, recuerdo mi deuda) ¿recuerdas tú mis bolsillos vacíos y el viaje por carrilera y piedras?
La noche inmensa, la luna fisgona, una chica chismosa, y la hoguera arropándonos mientras entrabamos en el confesorio, mientras dormíamos en un capullo de larva. La pérdida del atún.
Tu de otra mano, yo sin decir nada.
yo de otra mano, tu sin decir nada.
Y esas noches de goteras en la habitación, la pérdida de mi zapato y el escape de madrugada.
El ciclo del agua recuerdo bien, los pajaritos, el gato, gato malvado asustándome.
Como si nada, siempre como si nada.
Mi aparición fantasmal, tu rostro de sorpresa, un saludo, un beso, un adiós. Las manos reticentes en soltarse.
Mis mañas de cosquillearte las orejas con tu pelo, de reírme, de verte y entregarte el alma.
Siempre, te lo he dicho que siempre he sido.
De antes, tu de otra mano y yo de la música.
Disfrazada con un verde lagartija para meterme en una roquita escolar.
El parque, la montaña, el humo.
La desgracia de Sansón, mi pregunta torpe y tu respuesta de la caída de un bus.
El parque, el pozo, los guardianes inoportunos. ¡solo estábamos conversando en nuestro lenguaje!
Y que el cocodrilo no llore.
Ahora, siempre robando, creando un mundo a parte por unos instantes.
Desviándonos del sendero, usando un anillo que nos vuelva invisibles.
¿Demasiado temprano, demasiado tarde?
"¿Y ahora que, que vamo' hacer?"
Cinco, seis años ya perdí la cuenta. Sansón recupera la fuerza.
Que el cocodrilo no llore que todo es un sueño Dorado.
Siempre fuimos espejos, compañeros, amigos, amantes.
Si nos quedamos ciegos. Entonces, ay entonces sabemos que era inevitable, que el mundo siguió girando por más que quisimos detenerlo.
Pero lo sabes, te lo dije a los ojos.
No importa que no estés pegado a mis caderas, a mis manos, a mis labios; que lo que quiero es verte sonriendo.
Promesa navideña.

No hay comentarios:
Publicar un comentario