martes, 25 de noviembre de 2008

Un Pato Francés


En el estanque el agua turbia no dejaba ver el fondo, mamá decía que era muy hondo y peligroso, que no me acercara demasiado, así que no lo hice, aguardé tras sus alas, pero me preguntaba ¿por que? ¿Por que no debo acercarme al estanque?, yo era un pato, por naturaleza debería estar nadando y regocijándome en el agua, sobretodo en la agitación que produce el verano, pero el estanque era intocable, ningún ave se acercaba, pasaban cerca de él, con ojos vidriosos y el pico seco. “Mamá, ¿por que no puedo ir al estanque? Me estoy muriendo de sed y allá el agua brilla y se dispersa, mientras yo me cocino bajo el sol” – reproche a mamá.
Mamá pato no prestaba atención, creo que nunca lo hacia, o no entendía mi lenguaje, tal vez yo no hablaba la lengua de los patos, un día me escuche hablar y de mi boca solo salía un: “cua “cua” “cua”[1] sucesivo, si, era lo único que sabía decir, pero es que yo era un sofisticado pato francés, y que siempre repetía lo mismo: “¿por qué?”¿Por qué? ¿Por qué?”*, pero los demás patos no entendían lo que decía, ellos solo atendían cuando el granjero venia dejar un montón de maíz.
Ese era yo, el pato francés, que quería saberlo todo. Pronto descubrí que todo era diferente, en mis pocos días de vida conocí la diferencia de la luz que reina en el día, y la dama redonda que viene a vigilar las noches, pude decirle a mi madre que era la luna y que era el sol, que emitían luz pero no eran lo mismo, que viven en horas diferentes y que los hombres cambiaban de rutina dependiendo de ellos, pero como de costumbre ella solo entendió mi “cua, cua, cua”.

Dando una vuelta por la granja me topé con el burro, decían que no era sensato hablar con él, por que era bruto y negligente, yo como aún no sabia que significaban esas palabras decidí que no había nada de malo en charlar con él, el burro estaba echado en el establo encima de un montón de paja, dormitando en la media mañana.”¿Por que dicen que eres bruto?” pregunté al burro, “Por que los brutos son ellos”- respondió el burro entreabriendo un ojo.
“Andan diciendo que no se nada, que no fui a la escuela, que soy un bruto y una bestia. Pero ellos son los que no saben, por que en realidad se mucho, soy un burro viejo que ha visto desfilar el sol y la luna en su matrimonio de luz, he observado por años a los hombres y moldeé mi conducta para recibir mi comida a diario, un descanso justo y palabras de cariño del amo, soy un burro sabio”-dijo con la voz perezosa.
“Así que tu también sabes de los círculos de luz que habitan el cielo, sus ciclos interminables, no eres un bruto como dicen los demás animales, entiendo ahora por que los animales viejos son los que mejor tratan”- le dije al burro sin saber si estaba dormido.
“Pero tu a pesar de ser joven no eres como los demás”-observó el burro
“Si, siempre estoy preguntando por el por qué, me gusta definir las cosas, encontrar sus nombres, y diferenciarlas de otras”-dije alegre por que al fin alguien me entendía.
“Lo que tu quieres es saber”- dijo el burro.
“Si, señor burro, pero quiero saber por que no puedo acercarme al estanque”- pregunté ansioso al burro, él si podría darme una respuesta satisfactoria.
“Ve y averígualo, ahora déjame dormir”- dijo y se dio media vuelta revolcándose en la paja.
Me fui caminando tan rápido como mis patas palmeadas me lo permitían, avisté el estanque, una sensación de miedo me invadió desde el pico hasta la punta de mis plumas blancas, con decisión avancé hacia el agua oscura, metí lentamente mis patas y me eché a nadar, el agua era refrescante, revitalizadora, no sé por que los demás temían tanto acercarse pero pronto lo supe. Un cuerpo carrasposo se acercaba contoneándose, se confundía entre las hojas que flotaban sobre el estanque, un par de ojos se asomaron y una enorme boca se abrió mostrando sus afilados dientes.
¡Una bestia! Era mi fin, cerré los ojos y esperé que me desplumaran, pero no pasó nada.
“Hola amiguito emplumado, ¿que te trae por aquí?, nunca nadie viene a visitarme, así que no temas, por tu valentía no pienso comerte, además, ¿te digo un secreto? ‘soy vegetariano’”- susurró-“El último en mi especie, un cocodrilo, uno muy viejo, he sobrevivido el tiempo que no está escrito y el que habita en los libros, al pasar de los días aprendí a esconderme, a rebuscar la comida, a resolver mis problemas, a pensar en como atrapar mi presa y sobrevivir a los inviernos inclementes, como a los veranos abrasivos, soy muy inteligente”-decía con mucho orgullo el viejo cocodrilo-“He visto paisajes que no imaginas, lluvias de astros luminosos, batallas de piedra, metal e intelecto, pero dime tú, joven pato, que te trae a mi estanque?”
“Ganas del conocimiento, un hambre que no siento en la panza, ni sacio por el pico, un misterio que ansío resolver”-dije
“Muy bien joven amigo, veo que eres un pato diferente, único en tu especie, un pato francés, que quiere saberlo todo, que atesora el conocimiento y lo aplica con sabiduría, ahora vete de aquí, por que pronto vendrán mis hijos y no serán tan indulgentes como yo”
Yo no sabia como escapar de la amenaza que venía nadando frente a mí, recordé las alas de mi madre y quise estar tras ellas, pero recordé que tenía unas propias, así que las extendí y despegué hacia el lienzo azul que solía observar todos los días, me alejé hasta perderme en el sol como una pequeña mancha mientras cantaba:

No se que instinto hay en mí
Que impulsa mis alas batir
Quiero en lo alto vivir
Muy viejo y sabio morir.
Sabiendo del mundo,
Preguntando profundo,
Respondiendo elevado,
Enseñando mí canto.
Llevo en el pico una bandera
De aquellos que se preguntan la vida entera
¿De donde viene todo?
¿Qué es lo que tiene a este mundo loco?
Voy volando hacia la luz
Con un motor en mis alas
Una sed de saber y aprender
Que busco saciar en aguas sabias.

*“ Quoi quoi quoi”

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