martes, 4 de noviembre de 2008

Alors

Traes un escudo para que no me cale, pero ultimamente la lluvia es la unica que me hace compañia, que hace que mi ropa mojada me abrace, que pone mi piel helada, irreconocible al tacto, tanto que la mano que quita las gotas de mi cara es de un extraño que gentilmente me hace una caricia, y esos besos tiernos, rocio que se posa en mis labios ¿quien los manda?
Que sentido tiene que camine rápido, que no pise los charcos, si es que esa emoción y yo ya somos de la misma naturaleza, y su discurso el mío, silente, frío, constante.
Un concierto, conmpañia, no me privaré de ello.
Vienes pero aún no has llegado de viaje, te sigo esperando en esa casa vieja, tras la cortina blanca, fisgoneando, esperando a que suene la reja y aparezcas, como quiero caber en tus brazos no tener este cuerpo pesado y languiducho, contarte miles de quejas, hacerte pucheros, ser la que gane esa sonrisa que no encaja después de un dia tan pesado.
Llegas y dejas esa extensión tuya, esa de la que me tengo que valer para no extrañarte, pero es tan fría.
Y te estuve esperando todo el día, reproduciendo esa voz dulce en mi mente como mi canción favorita, pero no la trajiste contigo.
Y asi estoy, revolcandome en barriales de grafemas, suspirando, olvidándome de mi voz, asustándome cada vez que la uso por que no la reconozco, conversándo con esos entes albinos plagados de viruela negra, acrecentando su enfermedad con el temblor de mis manos, exorcizando mis plagas, contandoles mis secretos, vociferándoles amenazas, y agachándoles la cabeza, confesándoles cuánto te extraño...
Soy el perro guardián de este lugar, que se estremece si de repente suenan unas llaves, que se queda esperando que lleguen, no, no los vehiculos de carne.
Me siento con la mirada perdida, desmoronándome, con los pies en polvorosa buscando desesperadamente un camino, uno feliz. Pero tu ya no estas, fuiste una aparición divina, esa virgen juguetona que se aparece en los árboles, en la comida, en una mancha de óxido, lo sé, demasiada devocion de parte mía.
Abro la nevera y está vacia.
Mal de antaño, tal vez tu lo sabes.

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