martes, 19 de enero de 2010

A la antigüita




La hoja está situada como una partitura, sé que si me equivoco
ya no tend´ré oportunidad de corregir. Justo como acaba de suceder.
Estoy aprendiendo a usar mis trazos de nuevo, este lápiz me es
terriblemente extraño, hago manchones de tinta y derramo cántaros

de leche por los que ya nada puedo hacer, ni llorar.

escribo lento y errando, no logro mantenerme en el renglón
creí que esto sería más sencillo; la autómata máquina multifun-
cional me lo ha puesto todo muy fácil, siempre dándome la oportunidad
de esconder mis vergüenzas, mis trazos de inconsciente.
Escribo sobre la escritura y tengo que hundir los dedos hasta lo
más profundo, voy al fondo de la orra (olla*) en agua y revuelvo las
sobras de comida y grasa. Me cuesta escribir como si se tratase
ahora más que nunca de un trabajo físico extenuante. Me pesa es_
cribir, ahora me pide la delicadeza de la pintura, la meticulosi_
dad y la coordinación que antes solo dejaba a la imaginación. Esta
línea fue más ágil, mi voz tiene que (atender) esperar a mis manos
rezagadas- Tengo que ir a ritmo, con cautela, estas son mis nuevas pa_
tas de palo. Mis alas novel, mis aletas emergentes, mis patas de
antiguo renacuajo.

Aquí la parte tangible del escribir es inevitable, la música, [el]
el teclear. Me siento casi como_ tocando el piano si supiera cómo
[tocarlo] hacerlo.

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He aquí una pequeña excusa: aquella noche quería vertirme, tener alguna
forma por un instante. Almacernarme dentro de una vasija de barro;
ser su curepo interior, ser su respiración, su cimbroneo de sangre invi_
sible, ser su cuerpo en un instante almacenado. Quería tener forma
por sólo una noche, cansada de ir sin silueta en las corrientes del
viento. [¿]Es suficiente que diga esto? A un [aun] no sé si lo consideras a mal.
Te invité a ser mi vasija de barro, no a beber de mí. Tu acto fue
momentáneo y fugaz. Luego, para que fuese hermoso y dramático tuvi_
ste que quebrarte, te hice estallar contra el suelo. Yo seguí mi
serpentear, mi huida en gotas hilandose desesperadas en encontrar el
tejito [tejido] denuvo [de nuevo], en encontrar algún nombre prentado [prestado] el cual usar por un
escaso tiempo. Solo un momento, un nombre para gastar al pronunciarlo,
se olvida al invocarlo. Agua. Traducido al verdadero lenguaje, ese podría ser mi
nombre. No podría contenerme a mi misma más de una sola vez. Sólo
podría utilizar mi nombre al espejo una vez. Luego irme en reflejos
de lo descocido [desconocido]. Vaho, vapor. Hoy pensaba en el frío como un amante
como un abrazo inevitable en todo el cuerpo, un beso incesante.
Tengo la terrible certeza de nunca estar sola en mi tierra, de
los celos que le dan cuando algún animal de sangre caliente me
pone un dedo encima. Viento, si supiera el lenguaje Real lo traduciri
( ...)
a y entonces ese sería su verdadero nombre. La línea anterior fue de
él. También tiene su espacio, un silencio entre el ruido de mi ttecle [tecle]
ar. Puedo invocarlo ahora, puedo sonreír siempre con mi secreto,
con el beso inmarscecible y el abrazo indiscreto. Tiene mil bocas y
mil manos.

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