miércoles, 27 de enero de 2010

Lluvia

Al girar la llave dentro del gran cerrojo escucho el click, y disparado sale el extremo aprisionado del rectángulo herrumbroso. Hay un gran crack que retumba en mi cerebro, en el epicentro de mi pecho, en el zenit de mi enrevesado alma, en el inquieto nadir de mi espíritu.
Sigo impaciente el vuelo del pájaro de colores, casi ciega, casi estrenando mis ojos veo el animal por vez primera luego de tenerlo tanto tiempo en frente mio. Él se pasea en círculos y sus plumas caen de vez en cuando. Llueven colores.
Me impaciento, presiento el gran momento; él viene hacia mí.
Estiro el brazo como si ya fuese costumbre y el ave se posa un momento, entrega su mensaje y sigue su camino.
Conmocionada, estallo en gritos de júbilo mientras llueve de colores.
Ha traído la llave del cerrojo, se ha llevado el jeroglífico de hierro. Ha llovido sobre mí, vistiéndome con sus alas. Vuelo entonces...

No hay comentarios: