Hoy le extrañe por vez primera, de forma inaugural en la nostalgia. A posteriori.
Entonces mi pecho sintió la ausencia de lo innombrable, de un rostro que no recuerdo y la sonrisa que ya no visita mis labios, ni salpica mis ojos. Se configuró en recuerdo.
Entonces quise materializarlo, arrancarle del pasado; sacudirle los segundos, los minutos y las horas. Borrarle las arrugas y pintarle las canas. Luego, acunado en mi regazo darle a beber savia de la Naturaleza, para que sea de nuevo futuro en potencia.
Abro los ojos, y sigue aquella abominable garrapata en mi piel. Traté de asirla y arrancarla a fuerza de nombres; de invocar el suyo. Intento hacerle desaparecer como aquel duendecillo malvado. Recito mi lista y observo su risa burlona, mientras niega con la cabeza. Ausencia.
Finalmente no se si cuando llegue la palabra correcta, se lleve el recuerdo o lo materialice.

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