
Escribo a mi lector perdido, ese que ya no navega mis líneas. Le imagino como basilisco.
Caminando sobre las aguas, sobrevolándolas; olvidando su toque helado.
Ya no visita mis corrientes, amigo de sangre fría. Contrario a su especie; no era nervioso ni acelerado (no que yo supiera) Ahora que la naturaleza le jaló las orejas (esas que no tiene) prendió motores y en carrera fugaz atravesó mis grafemas; despidiéndose en un milagro.
Siento sus huellas, ondas en mi cuerpo. Choque eléctrico.
Vuelvo después de un tiempo, a ser claro reflejo. Espejo de agua.

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