martes, 17 de marzo de 2009

Oh ciencia!

El nuevo dios, nueva religión.
Encuentro refugio y silencio mis males, les amordazo y les ato las manos. Entonces sonrío con mis labios de cirugía plástica.
Camino con mi cuerpo engranado, no disfruto del contacto de mis pies con la hierba por el rocío humedecida. Soy máquina.
Oh ciencia! me dejaste sin cuerpo.
El alma pavorosa de tanto sonido industrial, huyó a un lugar más tranquilo; tal vez a descansar en la Arcadia con los pastorcillos.
Mi cuerpo, ese que no sabe de tuercas y circuitos; corrió a esconderse debajo de las piedras, se deshizo en arroyitos, se transmutó en aire.
Se cobijó en la garganta de Calíope.

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