domingo, 22 de marzo de 2009

Peligrosa poesía

Desgarra lo oculto
aquello que navega en toda pluma
que tiene fuerza propia y usurpa la rienda.
Duerme; oculto, con traje de armadillo,
se desenrolla de un brinco.
Invade el cuerpo, le atraviesa,
lo sacude, lo electriza
lo ataca;
sensación de catarata.
Innombrable,
sublime,
terrible.
Se derrite, me derrito
se sostiene, me sostengo
enmudece su lamento.
Corteza de piedra,
corazón, corazón
que se debate
en ser late que late
llora que llora
por lo que no sabe.
Que golpe mas certero
abofetea la palabra,
seduce con sus caderas
baile que invoca el aguacero.
Enloquecer,
poeta a tal punto me has llevado
dentro de mi guardo la tristeza de tu verso
la lejanía, y el temor por fenecer.

Yo, me reconozco en aquella que no soy
en la que en ese momento es mi interior;
una completa extraña.
Se deshidrata,
cuitada,
por un mal que no conozco
que no me atrevería a preguntar.
Lucho, el exterior;
por no desmadejarme,
por olvidar,
relajarme,
respirar.
¿Y quien entiende?
lo malvado de la poesía
sutil puño, armonía
¿quien de eso se defiende?
Terrible, bella
ataca la desnudez,
esa repentina;
que callaba.

Resisto, bien lo saben mis ojos, los latigo con el pensamiento; con el suspiro. Avanzo y los pasos se me hacen lentos, roñosos como los minutos. El pensamiento tiene su propia senda; que desapruebo. Intento con mis manos, huesos de poco calcio, enderezar el tronco; cambiar el sendero. Intento leerlo, pero es vocerío. Luego, ¿cómo explicar? si las palabras desatan el nudo en la garganta; ese que es río. Río por mi locura.
Luego, depongo eso que no llamo ira, ni tristeza. Eso que tiene nombre propio, que no conozco.
Y luego, ya dejo de ser medium. Me abandona (al menos eso creo) o vuelve a enrollarse el Cachicamo.

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