Desnudo
Ella, ella no sabía que era todo eso, simplemente estaba allí pensando en quién le gustaría que estuviese sosteniendo el pincel; pintándole la espalda.
La pared era blanca, perfecta para proyectar sus recuerdos, sus fantasías.
Los pinceles le lamían la piel, su piel suavecita; que guardaba secretos de tinta mágica, tinta de limón. Al fuego se destapaban, pero éste era escaso, es escaso.
Ella está rodeada por leña mojada, húmeda, verde, estéril. El milagro del cavernícola es escurridizo; un tesoro, un privilegio del trueno y los dioses.
Sigue observando al vacío, mientras le arropan los ojos de alguien más. Sus ropas están diseminadas por el piso; piso de tablas, viejo.
Con el brazo derecho se cubre los pechos, pechos de niña; pequeños. Apenas insinuados en su fisionomía, escritos con letra minúscula, de pie de página; susurros. Están puestos allí como relieve sin riesgo; ausencia, presencia.
Su vientre está comprimido, retenido por las piernas; esos pilares carnosos que decoran con letras.
Inmóvil, sigue en su pose inmóvil. Olvidando como respirar, por que no es aire lo que se le antoja.
Da la espalda, pizarrón de amores; cuna de frases que no puede ver.
¿Por qué no tiene ojos en la nuca?
Secretos; ahora hasta sus palabras se le esconden. Ella, que está acostumbrada a darle el protagonismo a sus ojos y a sus manos. Ahora deja que aquellos poros salgan de su escondite, que utilicen voces que ha amordazado bajo la tela.
Una
Dos
Tres
Cuatro luces
Ya está; la ropa de nuevo como recién cometido el pecado, viene el pudor.
Pero la desnudez ya le estaba resultando cómoda, natural; sus secretos estaban alegres conversando con ojos ajenos. Luego encubiertos, pero visibles se acurrucan bajo la ropa.
Ella casi olvida que están allí; tan expuestos. Realmente no le importa, está feliz de escuchar sus susurros en su dermis. Luego con agua como para desplumar, trata de borrarlos; intenta ser gentil, pero ellos se resisten; se aferran con las uñas y los dientes.
Su piel, piel suavecita; sufre.
Ella intenta no ser violenta, promete a sus secretos no dejarlos tan olvidados; sacarlos más seguido al aire libre, ellos ceden a regañadientes. Dejan marcas rojísimas; sus gritos de guerra que claman por el no-olvido.
Ella lo sabe; recuerda su promesa aunque los manchones ya se hayan ido.
Ella lo sabe. Aquí está su palabra: secretos. Al aire.
Leña, leña seca: donde se halle venga y les revele; venga y traiga el fuego, aroma de limón. Rebelión de los poros. Que venga Él a asir el pincel. Calígrafo, pintor.

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