Este hombre bigotón se acerca a la barbería, entra y hace sonar la campanita.
El barbero lo mira y abre los ojos, ya puede sentir en sus manos la cuchilla y la espuma de afeitar salpicándole en las muñecas.
El hombre sigue a una silla desocupada, la hace girar un poco hasta que puede verse en el espejo. Hace bambolear su bigote, lo alza del lado derecho, lo alza del lado izquierdo, lo roza con la nariz y lo lame despasito con su lengua.
-Hoy es el día- dice al barbero
Él, que estuvo esperando tanto ese momento, sacó su cuchilla nueva, esa que le había regalado su esposa de aniversario, y que nunca había usado esperando una ocasión especial. Bien, esta lo ameritaba.
Ernesto Sanchez nunca había cortado su bigote, nunca. De púber lucía con mucho orgullo su pelambre de lulo, luego, con el tiempo se poblaron sus poros con soldaditos cada vez más juntos y erguidos. Su uniforme era rojo, escarlata.
La seguridad de Ernesto Sanchez venía de su candado pelambrero; ese que le recorría el contorno de los labios, la quijada hasta unirse con las patillas.
Y ese gran bigote, había alguna vez desnudado su contorno, pero nunca ¡Oiganlo bien! nunca desarropó la parte inferior de su nariz y superior de su labio.
Ernesto Sanchez se miró una vez más al espejo e hizo bailotear su bigote, luego, se recostó en el espaldar y cerró sus ojos.
¿Qué nombre podría tener un barbero? yo no conozco ninguno, así que pongamosle...barbero... me suena a Ernesto, pero Ernesto ya se llama Ernesto; entonces digamole El tocayo, para que sea una casualidad de la que sólo nosotros sabremos.
Entonces El tocayo tomó su navaja, la miró de perfil, la estiró hacia el bombillo; la lució un poquito, tenía que hacer notar que era nueva. Luego alistó los demás aparejos y empezó su labor.
Primero tomó sus tijeras y con estocadas maestras, como las de las máquinas de cortar pasto fue abriéndose paso en la selva enmarañada, virgen, cual conquistador de las Indias.
Sacó su machete, hizo silbar su hoja, lo deslizó sobre la espuma y poco a poco fue descubriendo el sendero, desnudando la dermis.
¿Máquinas de cortar pasto, selva virgen, conquistador de las Indias, machete? Yo solo quería decir que el barbero, también llamado Ernesto había rasurado con mucha maestría un bigote.
Ernesto Sanchez abrió los ojos, se miró al espejo y se reconoció en su foto de carnet estudiantil, de repente tenía diez años. ¿A qué edad les empieza a salir la barba? no lo sé, no soy niño, ya me sacará algún joven de la duda. El caso es que a Ernestico, si, a Ernestico se le habían ido los años; se pasó los dedos por su piel desnuda y sintió un vacío enorme, triste.
Recordó cómo la sopa se le quedaba goteando cuando tomaba el plato para sorber el cunchito, cómo Teresa, digamole Teresa Sanchez para que su apellido de soltera sea un misterio y después me pregunten, como Teresita Sanchez se reía, tomaba un pañuelo y le limpiaba el rostro -Tengo que comprarte un babero, barbuchas-le decía; cómo al despedirse de Teresita en las mañanas con un beso desesperado por la prisa y el temor de ser el último, ella soltaba risitas nerviosas y lastimeras por que el bigote le picaba y le raspaba, pero había tanto amor; el beso era beso, así tuviera pelos de más, que hasta el cosquilleo resultaba placentero.
Pero yo estaba hablando de recuerdos y resulté hablando de besos, el caso es que Ernestico recordó la historia de su bigote, su peinillita diminuta, a! por que era un vanidoso. También sus momentos intelectuales mientras tomaba el café y leía algún libro y retorcía las puntas del mostacho hasta quedar como Dalí.
Entonces se paró muy erguido, tanto que parecía más alto, un obelisco. Su tocayo se asustó, soltó la cuchilla que retumbó en las baldosas. Pero no se enojó.
Ernestico llevó los dedos a su labio superior y dijo: -¡Por Dios! Rápido, consiganme un bigote de repuesto-
Ernesto soltó una carcajada, se dirigió a un gabinete donde guardaba postizos y sacó uno que coincidía perfecto con el tono escarlata de Ernestico. a! por que él sabía que Ernestico iba a arrepentirse y de los cabellos que duró cortándole por más de 20 años había aprovechado para hacer un bigote falso. Le pusieron un pegante especial y lo juntaron la zona facial comprendida entre el labio superior y el corte de la nariz.
Ernesto Sanchez se miró al espejo, hizo bambolear su bigote de nuevo, a la derecha, a la izquierda, lo hizo rozar con la nariz y lo lamió despasito con la lengua.
Sonrió.
Ernestos rieron a carcajadas. Como era la primera vez en veinte años que compartían una expresión de alegría tan eufórica por fin rompieron el hielo y se preguntaron los nombres, luego de decirlos tomaron la coincidencia como una broma y volvieron a reír.
Ahora no sé si Ernesto Sanchez era Ernesto; o si Ernesto era Ernesto.
Lo único cierto era que uno de los dos andaba con un bigote postizo y tenía un esposa de la que ahora también desconocemos el apellido de casada, esperemos que al menos sea la seria del cuento y si se llame Teresa.
Ellos solos se fueron escribiendo, esta mañana concebí el broche en la ducha, pero lo demás me lo fueron soplando al oído. Yo solo me metí en su discurso, como cuando se está batiendo el lazo ¿cómo se llamaba ese juego? algo con el relój... el caso es que calculé como meterme en ese batir de lazo para seguir saltando y contar lo que me dijeron.
Ahora salgo, ya de tanto ritual de canguro me he cansado; supongo es su turno, o será el mío de nuevo cuando se cumpla el ciclo.
Quisiera escribir que pasó cuando Teresita descubrió que el bigote de su marido era falso, quisiera saber por qué el barbero no se enojó cuando su cuchilla favorita cayó al suelo, o por que Ernesto Sanchez decidió rasurar su bigote ese día, quisiera saber quién es Ernesto Sanchez, y quién es su barbero, quisiera saber el nombre de los dos, por que no me quedó claro si era broma o coincidencia. Quisiera saber muchas cosas más, estoy leyendo y escribiendo a la vez, caray desdoblándome y replegándome en el texto. Y uno cree que por que es escritor sabe que es lo que va a pasar con los espasmos de sus dedos, esto es una cita a ciegas, aventarse al vacío, una aventura, un puente que se va construyendo a medida que se va dando un paso en falso.
Y este texto no quiere soltarme, me llama a seguir escribiéndolo, pero hey! texto tu medium va a colapsar de sueño, tal vez ya tiene seco el cerebro. Mis disculpas, tengo cita con morfeo
(Volaba con globitos de helio, alguien me perseguía; escenario rural. Luego, encontraba suspendidos más globitos, de todos los colores, agarraba muchos, y me sentía a salvo por que mis perseguidores no podrían alcanzarme en el cielo; pero yo estaba muy pesada, me decía que tenía que relajarme para poder elevarme más, que tenía que llenarme de helio para ser también un globito; creo que finalmente escapé, y el cielo se veía tan lindo :) Sueño-pesadilla, si no lo documento lo lamento, fin del paréntesis )
Cierro el broche.

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