viernes, 19 de diciembre de 2008

Reveiller

Esta mañana me di cuenta de mi terquedad onírica. Estabas caminando, igual yo. Pero intentaba apurar el paso, no dejar que me alcanzaras; al parecer hacía mucho sol.

Me hablabas de algo, yo no parecía enojada, pero tus pasos me arriaban. No recuerdo nuestra charla, las palabras se me van en abismos de la memoria como siempre.

Tu tenías el pelo corto, y tu cara estaba quemadita por el sol. Eso fue hace mucho; si hubiera sido.

Yo intentaba escapar, caminar más rápido; pero el caso era que no quería, tus palabras me ataban un lazo al cuello, un látigo de seda.

Ambiente cálido; lumière orange.

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