martes, 20 de enero de 2009

El des-caro

Sufro de prosopagnosia, soy una descarada; debería actuar como tal.
Contando por aquí y por allá sin pudor las imágenes que se pasan por mi mente.
Diciendo las cosas más terribles que he querido decir.
Enterrando un cuchillo una y mil veces.
No me aguanto tantas palabras embreadas, me da una jartera terrible.
Tanta vulgaridad y tanta mierda. Es que hasta decirla me da nausea.
Tengo un problema de sinonimia. No me la llevo bien con su otra cara.
Tengo el brazo quebrado en trizas, de tanto torcerlo.
Mi voz cambia cuando le conviene, tal vez tiene tonalidad de Si.
Tonalidad de Do, de no. Cuando me enojo, y estamos en concierto.
Si soy elocuente y encantadora, entonces no se acerquen; tal vez resulte siendo psicópata.
Un bichillo puede quitar la vida, con la magnífica ayuda de la negligencia médica. Que verguenza.
Otro condimento más para mi miedo.
Aquel que no volverá, que se ha ido. No, no tenía barbas blancas. Y aun no me acostumbro a que sólo puedo visitarlo en mi mala memoria.
No he sucumbido.
La próxima vendrá con más fuerza, de eso estoy segura.
Que convincente puedo ser, que facilidad para disponer de la mentira, que maestría para matar con la palabra; que horror al ver como nada vibra en el alma concupiscente. Nada "como haberme tragado una bolsa de cemento" solo que ya ni el peso siento.
No, esa no soy yo. No con ustedes, si con nosotras. Una sociedad interna en pugna, demonios jactándose de su apocalipsis, ángeles vendiendo la idea de paz y protección, y un dolor de tripas por que no he comido nada. Que ciegos son, si no existen privilegios para los seres alados, El aire no los distingue. Le da igual si son plumas o cuero extendido en espinazo.
Mermelada. Mermando la nausea. Que esa no soy yo.
Dulce, y ligera. Vuelvo a sonreir sola. Respiro hondo, por que para eso es que me gusta el aire; no para planeos fútiles e inducidos.
Tomo un eslabón y lo abro con un alicate, está más corta la cadena.
Me pregunto si habrá luna llena, o luna nueva.
Como todo está de cabeza, bien podría ser un yang.
Antes contigo me desahogaba, ahora en ti me sumerjo cantaba la sirenita. Ulises con sus tapones de cera no escuchó sus penas, el muy héroe se resistió a su dolor de pez a medias. ¡Que valentía!
Su boca era veneno, sus ojos llama viva. Su alas siempre de carmín.
Que va, puro invento de marinos locos. ¿No tenía una esfinge derecho al misterio? como no era de palabras fáciles, la condenaron con calumnias. Lo que no se conoce puede causar un temor terrible, sobretodo si es reticente en ello. Enojados por no ser poseedores del secreto ( ellos que quieren conquistarlo todo) lo ensucian con sus historias de plagas y raptos.
¿No tiene derecho una esfinge a hablar con acertijos?
Digo más de la cuenta, y me aviento al terredo de la incomprensión. Donde se está solo. Me condeno y cantan susurros de reprobación. Yo, como le di mis orejas a un elefante ambicioso sigo con mi tarea de desvelo. De cominucarme contigo en esta sesión de espiritismo.
Texto médium.

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