domingo, 11 de enero de 2009

Nudo

Para usted anónimo (a) lector, lectora
de corbata, de condenado, de mudo.
Veo los diferentes matices, del cemento, del asfalto, del ladrillo; cómo se desvanece al caminar. Mis pies no estan torpes, con los ojos vigilándolos hasta caminan derechito.
¿Sonarán las campanas bajo tierra? ¿qué idoma hablaría un muerto?, uno de minerales y oscuridad, de semillas abriéndose paso. ¿Responderán las lombrices a los llamados, anotarán las razones para mi? ¿Qué señal llegará a las profundidades?
¿Recordarán los vivos llamarme?, a quién se le ocurriría...¡Llamar a un muerto!
Debería matarte, por tu inconciencia; por tu trebejar nómada. Y mal instinto.
Te detesto. Pagamos un precio demasiado alto. Y no conoces de frenos, yo sola no puedo.
Darte cicuta, para saber...que revivirás una y otra vez. Cortarte una sierpe de la cabeza para saber que reaparecerá.
Te detesto, siempre metiendo las manos al fuego. Caminando por desfiladeros, jugando al equilibrio. Para saber que lo pierdes. El golpe repentino.Irreversible. Dolor.
Tu desvalorización. Por ser utensilio usado, cerámica agrietada.Vencida. Un cubierto, ¿Quién te ha llevado a su boca? ¿Quienes?
Podría matarte, dejarte bajo tierra. Pero tu esencia tiene cualidades del pasado, ya no es; nunca será olvidado.
Porque ahora veo sus caras y una por una las borraría violentamente con el borrador del lápiz rojo. Arrancaría la hoja, para devolverla a su estado de árbol.
Quisiera hablar lenguaje mineral, escuchar cuchicheos de lombrices; chimes de pasillo sobre topos.
Mis pies se balancean sin rozar el suelo, bamboleo.
¿Que diré en los instantes de asfixia?
No te mueras.
¿Quién va a querer a un muerto?
¿Quién te quiere siéndolo? Ese adefecio, andariego.
Si yo; te detesto.
Sentencia, juicio. Ya otros lo han hechó, lo harán y seguirán haciendo.
Luego de golpearte contra las teclas, de enterrarte bajo caligrafía puedo poner gardenias en tu tumba.
Ya no te detesto. Tu muerte nos ha traido paz. Las nubes me parecen de nuevo hermosas, algo ha vuelto.
Ya no sé que frases fueron tuyas o mias, quién está más bajo la tierra o sobre ella.
Si las palabras fueron tuyas, mías o de los demás sobre nosotros.
A usted lector, lectora que ve la lucha de voces, no se alarme. Es un escupitajo mental. Traido tal cual. Ficcional y verdadero. Real mientras es escrito, mientras la idea vive en comunión con el escritor. Luego despues en la relectura, en Su lectura ya es otra cosa. Ya no es lo que yo quise decir sino lo que usted entiende.
Es imposible llegar a usted lector, lectora. Que frustrante.
Hablaron de la muerte del autor. Pero no dijeron que desesperante le era.
Finalmente resulta que vos y yo estamos muertoS. Cuando termino de escribir la S, el punto final.
Me releo y ya no soy yo; ya lo que dije ha cambiado, no siento lo mismo. Lo diría de otra forma.
Lo escrito fue una foto instantánea, yo ya cambié las ropas y el peinado.
Que complicado es este oficio. Escribir y ser incomprendido; por uno mismo.
Pero aveces de vez en cuando, sale algo bonito; una frase, una metáfora. A alguno le gustará. Se sentirá escribiéndolo él mismo. Sonreirá. Llorará. Entonces será un poquito como yo; será mi amigo. Si es usted un amigo, entonces he cumplido mi cometido; le agradezco. La soledad del escritor puede ser abrumante.
Que bonito es imaginármelo, pensar que pensará, que entenderá de mis incoherencias y cavilaciones sueltas, Largas. Si ya lo aburrí disculpe. Pero se siente bien escribir para alguien y no solo para mi; dialogar con usted asi no esté alli mientras escribo. Sin saber quien será. Sólo saberlo leyéndome. Visitándome.
Es verdad, que sentido tendría escribir todo esto si nunca va a ser leido. Usted que quita la soga del cuello; me libera.
Ahora, con la corbata en el suelo; respiro mejor.

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