domingo, 18 de enero de 2009

In Memoriam


No recuerdo cuándo fue la ultima vez que le vi. Tal vez en vísperas de un año nuevo.

Lo recuerdo de toda la vida. Su casita pequeña, y la alberca gigante en la que alguna vez me metí.

El clima caliente; en las paredes pieles de culebras y caimanes, de venados y otros animales de los que nunca supe.

Los viajes por esa tierra horizontal, el sol naranja bostezando al levantarse y dirigirse a la cama. Las historias de terror que contaban viejos jinetes. El ganado y el olor de la melaza que le daban a los caballos. Las gallinas y sus casas en el aire. Los charcos y caños.

Siempre que llegabamos tenía una sonrisa preparada en su cara, hablaba de los vecinos, de las juntas. Era muy popular, alguna vez fue el presidente de la comunidad.

De joven fue compañero de tragos de mi papá. Quien sabe en qué parrandas locas estubieron metidos. Es más no me imagino a mi padre borracho, ahora sólo puede tomarse una cerveza de vez en cuando por que le pasa cuenta de cobro. Debe estar muy triste.

Ante las tristezas o enfermedades siempre tenia fu filosofía: eso solo son berrincheras, evolucione, evolucione; decía.

Su ánimo siempre estaba por los cerros, tenía la energía que ni yo tengo; salía por las mañanas a trotar a la villa. Por que había que tener en forma la panza, tenía buen sentido del humor con su protuberancia estomacal.

No sé cuántos fueron los abriles visitados, sus palabras entre suspiros, o deseos incumplidos.

Pero se de la gente, que no será poca, que lo acompaña en su último sueño.

No puedo evitar sentirme triste por su partida. Un animalejo, le quitó la vida; la picada de un insecto berraco. O simplemente ya era el momento.

¿Después de la vida hay algo? aveces siento que he vivido miles.

La próxima será mucho mejor Toñito. Me queda una sonrisa enorme y momentos preciosos de infancia.

Las bromas con el bollito, la huida de mi tío al olor de la pasta, mi preocupación por tus pulmones; por la que siempre escondía tu cajetilla de cigarros.

El Tonto y la Tonta, el par de gatos que te acompañaban. EL perrito Napoleón. Los insectos de la casa, otros inquilinos. Las caminatas bajo el sol, el llanto por la soledad.

Todo un personaje, te extrañaremos.

Seguiremos sin berrincheras, evolucionando; tal como tu lo habrias hecho.


En memoria de Antonio José Leyva. Loquito querido.

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