martes, 20 de enero de 2009

"Sentir"

Quien dice que lo ciegos no pueden ver miente. Cierro mis ojos y se extiende hasta el infinito el campo de visión. Texturas y formas indefinibles; la conjugación del sonido, el olor, el sabor y el tacto.
En cada inspiración examino el aire, trato de clasificarlo o identificar que matices lo componen. Pasto recién cortado. Agradable. Pasto recién cortado y mojado, exquisito.
Un hombre se sienta a mi lado, trato de calcular su edad; de imaginar su apariencia.
Creo que es un joven, universitario, de jean, saco blanco, cabello a la moda (osea desbastado y aglutinado con menjurjes) no, no es guapo. O tal vez lo sea, pero no es mi tipo.
Abro los ojos para fisgonear. De traje azul oscuro, cabello negro, gafas. Mayor, calculo 50 años.
Fallé en mi pintura.
Cierro los ojos. Sigo respirando y degustando.
En francés la palabra "sentir" significa entre otras cosas oler.
Me dedico entonces a practicar el verbo francés; a percibir, notar, sentir el alimento de los pulmones. Imagino el viaje por las venas y los ventrículos, arterias. Viaje de salida y nuevo comienzo. De dónde provendrá el aire que respiro, qué aroma contiene. No siento nada, tal vez es como ese cuento de los peces y el mar; cómo se desplazan y viven en él, ni siquiera son consientes de que existe. ¿Era una historia sobre Dios? bueno, haciendo la aproximación, entonces la nada huele a dios. Me será posible identificar con entrenamiento ese olor a nada, entonces sentiré a dios en mi interior, y sabré que está en todas partes.
Una alegría inmensa me habita, o yo habito en ella. Leo a un viejo amigo, y me conmueve su fonética extranjera.
Le petit bonhome apporte avec lui plus de un désir pour un petit mouton.
Resulta que soy la más joven de la clase, o eso parece. Siempre tendré cara de niña, y eso me alegra. Los grandes son aburridos y siempre necesitan de explicaciones. No me gustaría hablarles de corbatas y golf. Cargaré también con un dibujo y dependiendo de su respuesta sabré de que puedo hablarles.
La lluvia cae perezosa, en grandes bostezos; goterones. Me salvo de algunos contagios de esa aspiración que no es suspiro ni respiro.
Llego a casa, y el cielo se despereza como un oso que recién sale de hibernación.
Yo sigo con el caminar de resorte, con el cantar de pajarito.
Vuelvo a reír sola, sin necesidad de un chascarrillo. Algo ha cambiado.

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