jueves, 22 de enero de 2009

Le bus

El bus es el lugar más productivo que conozco, debería escribir mientras viajo en él, pero resulta terriblemente incómodo con tanto bache en el asfalto.
De pequeña siempre tuve esa obsesión por leer todo lo que se me atravesaba, de entender todas esas vallas de las calles. ¿Se leen o no las vallas? usted acaba de hacerlo; decía una que recuerdo particularmente. Observo por la ventana y leo todo lo que captan mis ojitos; todo anuncio o nombre de negocio, todo todito todo. Sacio a medias mi vicio.
Sigo leyendo mi libro del bus y voy englobadísima, un joven mayor se sube y se sienta a mi lado. Lee también, pero parece incomodarle el aparatoso traqueteo del barquito de metal. Resisto a la tentación de mirar que lee, no quiero ser chismosa, pero es un impulso casi natural. Fisgonear qué lee el otro.
En los asientos pararelos hay dos jóvenes, estudiantes ellos, con pinta informal, uno de ellos llama mi atención. Pero claro, yo como siempre tímida me aferro a mi libro y nunca los volteo a mirar.
Casi llegando a casa me pregunto si el transporte escogido me dejará cerca o lejos, uno de los jóvenes todavía seguía sentado no muy lejos de mí. Le pregunto si este tomará la cali hacia el sur: él muy animado y amable se sienta a mi lado, me dice que no sabe, que este pasa cerca al centro comercial. Entonces yo recuerdo que había tomado el bus de siempre. Él se baja. Pienso si fue un truco que me hice para simplemente hablarle, o el libro me mandó al asteroide B 612 y por eso no recordaba que ruta había tomado. O simplemente, di un paso hacia mi historia de un amor de bus.
A si, y por último, me gustan los hombres de traje que andan con mochila. Hoy vi uno :P
Estoy viejita :)

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